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Con la mano que no está encadenada, José Regino González Villarreal levanta el auricular de la sala de visitas de la prisión de Kajang. Lleva el traje de prisionero con mangas anaranjadas de los condenados a muerte y tiene la mitad del rostro cubierta por la máscara quirúrgica que usa desde que se le detectó una infección de tuberculosis, hace ya varios meses. Los ojos están hinchados, enmarcados por unas profundas ojeras.
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Facso, 14 years ago
No shit, Sherlock.
jaec, 14 years ago
"No como en México".