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Como ningún sistema de justicia es perfecto y siempre es posible liberar a un culpable o encarcelar a un inocente, la ley debe levantar contrapesos entre esos dos males extremos. La civilización ha ido avanzando en el primer sentido: liberar un culpable es mal menor que condenar un inocente. En México estamos ahora ante dos ejemplos casi inmejorables: Florence Cassez y el general Tomás Ángeles Dauahare y coacusados.
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Facso, 13 years ago
Gracias a Luis González de Alba por su columna para Efecto Tequila usando a Milenio de proxy.
canitoy, 13 years ago
Dura lex, sed lex.