8
Durante el invierno de 2005 trabajé una semana en un criadero de perros. Nos contrataron a un amigo y a mí para conducir una furgoneta por todo el país. La empresa servía como intermediario para un centro de crianza de perros en el estado de Iowa y para otras tiendas entre ese lugar y Nueva York. Cuando acepté el trabajo, no tenía ni idea de que acabaría cometiendo un delito ni de que sería parte de una industria de tortura, lo que me atormentaría para siempre.