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Benedicto XVI no habrá podido refugiarse en la Historia para justificar su decisión de dimitir como líder espiritual y material de la Iglesia Católica. Su renuncia, poco antes de cumplir los 86 años de edad, además de ser una auténtica bomba informativa, representa un cambio decisivo y sorprendente en la línea política de esta institución milenaria. A lo largo de toda su historia, se cuentan con los dedos de la mano los ejemplos similares, y hay que remontarse más bien a la protohistoria de la Iglesia para hallar precedentes similares.