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La reforma que entra en vigor este lunes derriba gran parte de la muralla burocrática a la que se enfrentaron los cubanos durante décadas para salir de su país, facilita el trabajo en el exterior y la repatriación, reconoce el derecho a radicar en otra parte sin perder propiedades y, sobre todo, tiende un puente entre la isla y su diáspora al reducir la carga política del fenómeno.