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"Brindemos por las güeras". Quién estuvo ahí podía pensar de inmediato que se trataba de un juego de jóvenes que buscan divertirse. El pretexto es el futbol. El marco, uno de los cientos palcos del Estadio Azteca, donde los aficionados tienen una vista privilegiada y pueden tomar alcohol sin medida. Es el futbol visto desde otra perspectiva.
Sin embargo, cuando el "juego", con el paso de los minutos, se convierte en una filosofía de vida, entonces toma dimensiones increíbles e inadmisibles, como lo sucedido ayer durante el partido en el que México cayó frente a Honduras.