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Como peatón, le tengo más miedo a un ciclista de 17 años que a un microbusero de 45. La razón es sencilla: a los choferes del transporte público ya los tenemos abrumados de culpas: cafres, asesinos de usuarios, peligros de peatones y ciclistas y autos. Son como el PRI: no sienten lo duro sino lo tupido. El ciclista que zigzaguea por la acera, eludiendo peatones como si corriera a pie, ignora la fuerza que lleva y, peor aún, lo ciega la aureola de superioridad moral que lo hace culpar a quien se le interpone. Son como el PRD: la Historia los absuelve.