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Desde hace años, a partir de las cinco de la tarde, este taxi gana una pequeña fortuna sin subir pasajeros. Su conductor tiene una rutina bien aprendida desde que a su antiguo jefe le rompieron la cara a balazos: lo maneja en la mañana por la ciudad de México y en cuanto mira que ha llegado la hora, despacha al último pasajero y conduce sin parar su Tsuru hasta la colonia Doctores para recoger a su "clienta"predilecta, una "señora" que le resuelve la vida.
A unos metros del "búnker" de la Procuraduría del Distrito Federal, estaciona su auto y entra a una vecindad para recoger a "Blanca". Paga por adelantado entre 20 mil y 40 mil pesos para llevarla en su auto y, con suerte, desaparecerla. Maneja hasta su casa y la desbarata en trozos que guarda en pequeñas bolsas, que a su vez esconde en un bolsillo falso en el fieltro de la llanta de refacción.