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San Diego ha luchado durante décadas por resolver el problema de la escasa capacidad de su aeropuerto que obligaba a la ciudad californiana a constreñir el número de vuelos y de destinos, con la consecuente pérdida de pasajeros y la reducción de la entrada de mercancías. Ha encontrado la solución del otro lado de la frontera.
En Tijuana ha comenzado a construirse una pasarela de unos 155 metros de longitud que unirá su aeropuerto internacional con la localidad estadounidense, facilitando el flujo de pasajeros que evitarán, previo pago de unos 17 dólares, las largas colas en los pasos fronterizos.
Las obras suponen la culminación de un ambicioso proyecto que cuenta con el respaldo de los Gobiernos federales de ambos países, con una inversión millonaria por parte de entidades mexicanas y estadounidenses y que espera estar en pleno funcionamiento a finales de 2014.